
Estaba recostado al lado de Jesús.
Día 5: Jueves de Intimidad
Juan, el Discípulo Amado—Cuando la intimidad cambia la perspectiva (Juan 13:21-26)
Marcos 14:32-42 NTV
32 Fueron al huerto de olivos llamado Getsemaní, y Jesús dijo: «Siéntense aquí mientras yo voy a orar». 33 Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan y comenzó a afligirse y angustiarse profundamente. 34 Les dijo: «Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y velen conmigo».
35 Se adelantó un poco más y cayó en tierra. Pidió en oración que, si fuera posible, pasara de él la horrible hora que le esperaba. 36 «Abba, Padre—clamó—, todo es posible para ti. Te pido que quites esta copa de sufrimiento de mí. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».
37 Luego volvió y encontró a los discípulos dormidos. Le dijo a Pedro: «Simón, ¿estás dormido? ¿No pudiste velar conmigo ni siquiera una hora? 38 Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil».
39 Entonces Jesús los dejó otra vez e hizo la misma oración que antes. 40 Cuando regresó de nuevo adonde estaban ellos, los encontró dormidos porque no podían mantener los ojos abiertos. Y no sabían qué decir.
41 Cuando volvió a ellos por tercera vez, les dijo: «Adelante, duerman, descansen; pero no, la hora ha llegado. El Hijo del Hombre es traicionado y entregado en manos de pecadores. 42 Levántense, vamos. ¡Miren, el que me traiciona ya está aquí!».
La noche antes de la crucifixión fue una de las más intensas en la vida de Jesús y de sus discípulos. Aquella noche celebraban juntos la Pascua, la festividad que recordaba cómo Dios había liberado a Israel de la esclavitud en Egipto. Pero esta vez la cena tenía un significado aún más profundo.
Jesús sabía que su hora había llegado. Muy pronto enfrentaría la cruz. Sin embargo, en medio de ese momento tan solemne, ocurrió algo extraordinario: Jesús no solo compartió una mesa con sus discípulos, sino que también les lavó los pies, mostrándoles que el verdadero liderazgo en el reino de Dios se expresa a través del servicio.
Mientras todo esto sucedía, los discípulos trataban de entender lo que Jesús estaba diciendo. Las palabras sobre traición, entrega y sufrimiento generaban confusión y preocupación.
En medio de esa incertidumbre, el evangelio nos muestra una escena muy significativa.
“El discípulo a quien Jesús amaba estaba sentado a la mesa a su lado.” Juan 13:23 NTV
En la cultura de aquel tiempo, durante las comidas formales las personas se reclinaban alrededor de la mesa.
Estar recostado cerca del pecho de alguien era una señal de cercanía y confianza.
Juan no entendía todo lo que estaba sucediendo. Pero tenía algo que muchos olvidan cultivar: intimidad con Jesús.
Mientras otros discutían y trataban de descifrar cada detalle, Juan estaba cerca del corazón de Cristo. Y esa cercanía cambia la manera en que enfrentamos la vida.
Porque cuando caminamos cerca de Jesús, incluso las temporadas de incertidumbre se viven de manera diferente.
La paz no nace de tener todas las respuestas; nace de saber cerca de quién estamos. Por eso Jesús mismo diría más adelante a sus discípulos:
“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14:27
El que vive cerca del corazón de Jesús encuentra paz incluso cuando no entiende todo.
Cuando el corazón aprende a permanecer cerca de Jesús, incluso los momentos más difíciles se ven desde una perspectiva distinta. Porque la intimidad con Cristo transforma nuestra manera de ver la vida.
“La intimidad con Jesús transforma la manera en que vemos la vida.”
Mientras algunos trataban de entender lo que estaba pasando, Juan simplemente permanecía cerca del corazón de Jesús.
Jesús no solo quiere ser admirado desde lejos. Jesús quiere ser conocido de cerca.
APLICACIÓN PRÁCTICA:
Cultivar intimidad con Cristo implica: Tiempo en oración, Lectura de la Palabra, Momentos de silencio con Dios, Una relación constante con Él
Preguntas de reflexión: ¿Qué significa hoy vivir cerca del corazón de Jesús? ¿Qué cosas pueden distraernos de cultivar esa relación? ¿Cómo cambiaría nuestra vida si camináramos más cerca de Cristo?
ORACIÓN:
Señor, Enséñame a caminar cerca de ti. Ayúdame a buscar tu presencia cada día y a encontrar en ti la paz que mi corazón necesita. Que mi relación contigo sea lo más importante en mi vida. Amén.
Toma unos minutos para pensar sobre esto y escribe tus reflexiones en una libreta o en una aplicación de notas.