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 Semana 1: 

Casa Vs Hogar

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Día 2: Revisa El Fundamento

Octubre 6, 2026

Mateo 7:24–25 NVI
24 Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.

Cuando entramos por primera vez a una casa, casi siempre prestamos atención a lo que podemos ver. La fachada. La distribución. La cocina. Los muebles. Los colores. Los detalles. Podemos caminar por toda la casa admirando cada espacio sin detenernos a pensar en una de las partes más importantes de la construcción. El fundamento.

Quizá porque está escondido. No llama la atención. No aparece en las fotografías. Nadie invita a sus amigos para enseñarles el fundamento de su casa. Pero hay algo interesante: todo lo que podemos ver depende de aquello que no podemos ver.

Jesús utilizó una imagen parecida al final del Sermón del Monte. Habló de dos hombres. Los dos construyeron una casa. Los dos escucharon sus palabras. Y los dos enfrentaron una tormenta.

A simple vista, quizá sus casas no parecían muy diferentes. Hasta que llegó la tormenta. Entonces quedó al descubierto algo que había permanecido escondido desde el principio. Una casa estaba sobre la roca. La otra estaba sobre la arena.
La tormenta no creó el fundamento; solamente reveló sobre qué habían estado construyendo.

Algo parecido sucede con nuestras familias.

Hay temporadas en las que todo parece estar bien. Tenemos trabajo. Hay salud. Los hijos están bien. Los planes avanzan. Las cuentas se pueden pagar. La vida parece estable. Y es fácil confundir buenas circunstancias con un buen fundamento.

Hasta que algo cambia.
Una llamada inesperada.
Una enfermedad.
Una dificultad económica.
Una crisis con uno de nuestros hijos.
Un conflicto en el matrimonio.
Una pérdida.
Una puerta que se cierra.

De pronto, el viento comienza a golpear la casa. Y entonces descubrimos qué la estaba sosteniendo. A veces, sin darnos cuenta, construimos nuestra seguridad sobre cosas buenas, pero incapaces de cargar con todo el peso de nuestra vida.

El dinero puede ayudarnos, pero puede desaparecer.

Los logros pueden alegrarnos, pero no pueden sostener nuestra identidad. Los sentimientos son importantes, pero cambian.

Las circunstancias favorables son una bendición, pero nunca tenemos garantía de que permanecerán iguales.

No podemos pedirle a algo que puede cambiar mañana que sostenga aquello que queremos que permanezca toda la vida.

Por eso Jesús dirige nuestra atención a un fundamento diferente. Él dice que la persona sabia “escucha sus palabras y las pone en práctica.” Ahí está la diferencia. No basta con escuchar.

Podemos escuchar la Palabra cada domingo.
Podemos tener Biblias en cada habitación de la casa.
Podemos conocer canciones cristianas.
Podemos saber qué dice Dios.

Pero construir sobre la roca comienza cuando lo que Jesús dice empieza a determinar cómo vivimos él día a día.

Determina cómo hablamos cuando estamos molestos.
Determina cómo respondemos cuando alguien nos hiere.
Determina cómo administramos lo que Dios nos ha dado.
Determina cómo tratamos a nuestra familia.
Determina cómo tomamos decisiones cuando no sabemos qué hacer.
Determina cómo reaccionamos cuando la vida no sale como esperábamos.

La roca no es solamente una verdad que conocemos. Es una verdad sobre la que decidimos vivir cómo familia.
Escucha la Palabra.

Obedécela en lo pequeño.
Ora con tu familia.
Haz de Cristo parte de tus decisiones.
Aprende a confiar en Él antes de necesitar desesperadamente hacerlo.

Porque Jesús nunca prometió que la casa construida sobre la roca no recibiría lluvia. La lluvia cayó. Los ríos crecieron. Los vientos golpearon. Pero la casa permaneció.

Así que si hoy si el viento está golpeando tu casa, no pongas toda tu atención en la tormenta. Echa un vistazo hacia él fundamento. Recuerda quién te sostiene.

Y si hoy el cielo está despejado, sigue construyendo profundo. Vendrán temporadas que no podrás controlar. Pero puedes decidir hoy sobre qué estás construyendo.

PARA RECORDAR
Las tormentas no deciden lo que permanece; revelan sobre qué hemos construido.

PIENSA
Si mañana cambiaran tus circunstancias, ¿qué quedaría sosteniendo tu hogar?

APLICA
Piensa en una decisión, preocupación o situación que tu familia esté enfrentando actualmente. Antes de preguntarte solamente: ¿Qué quiero? ¿Qué me conviene? ¿Qué siento? Hazte una pregunta diferente: ¿Qué dice Jesús que debe dirigir mi manera de responder a esto? Busca ese principio en la Palabra y da hoy un paso sencillo para obedecerlo.

ORA
Señor, examina el fundamento sobre el que estoy construyendo. Muéstrame dónde he puesto mi seguridad en cosas que pueden cambiar. Enséñame no solamente a escuchar tu Palabra, sino a vivirla. Si estoy atravesando una tormenta, recuérdame que Tú sigues siendo fiel. Y si hoy estoy viviendo días tranquilos, ayúdame a construir profundamente. Que nuestra familia permanezca firme porque hemos aprendido a escucharte, obedecerte y confiar en Ti. Amén.

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