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 Semana 2: 

El Leguaje Del Hogar

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Día 2: Palabras Que Dejan Huella

Octubre 13, 2026

1 Tesalonicenses 5:11 NVI
Por eso, anímense y edifiquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo.

Cuando era niño, había un pastor amigo de mi abuelo que tenía una manera muy especial de saludarme. Cada vez que me veía me decía: ¿Cómo estás, campeón?

No recuerdo que necesitara haber ganado alguna competencia o recibido un premio para que me llamara así. Simplemente me saludaba de esa manera. Y lo curioso es que yo me lo creía. Me daba mucho gusto escucharlo llamarme campeón.

Han pasado muchos años, pero todavía recuerdo aquellas palabras y lo bien que me hacían sentir.

Hoy, cuando saludo a un niño pequeño, muchas veces hago lo mismo. Le digo: ¿Cómo estás, campeón? Y hay algo que me llena de satisfacción cuando veo aparecer una sonrisa en su rostro.

Tal vez porque, al verlo sonreír, me acuerdo de mí; de aquel niño que un día también se sintió especial al escuchar esas palabras.

Aquel pastor probablemente nunca imaginó que su saludo permanecería conmigo tantos años, mucho menos que un día yo terminaría utilizándolo para alegrar a otros niños. Eso nos recuerda algo hermoso acerca de nuestras palabras: el bien que hacemos con ellas puede llegar mucho más lejos de lo que imaginamos.

Proverbios 16:24 nvi “Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo.” Es una hermosa imagen de la capacidad que tienen nuestras palabras para traer alegría y bienestar a quienes las escuchan.

Y el apóstol Pablo nos anima a edificarnos unos a otros.

La palabra “edificar” habla de construir, de levantar un edificio. Así como se coloca una piedra sobre otra para levantar una casa, también con nuestras palabras podemos contribuir a formar la vida de nuestros hijos, fortalecer el corazón de nuestro cónyuge y levantar el ánimo de quienes amamos.

A veces no alcanzamos a darnos cuenta de aquello que estamos construyendo en la vida de alguien con tan solo una palabra de ánimo.

Y cuando pienso en aquel pastor que me llamaba campeón, me doy cuenta que él no necesitó hacer algo extraordinario para dejar una huella en mi vida.

Simplemente tuvo una palabra amable para un niño que se alegraba de escucharlo. Quizá nunca imaginó cuánto significaba para mí aquel saludo.

Y eso me hace pensar en cuántas oportunidades tenemos cada día de hacer algo semejante con las personas que Dios ha puesto a nuestro lado.

A veces estamos tan acostumbrados a nuestra familia que dejamos de notar cosas que merecen ser reconocidas.

El esfuerzo de un hijo que está aprendiendo.
La dedicación de una esposa que hace tantas cosas que pocas veces mencionamos.
La responsabilidad de un esposo que, aun después de un día difícil, continúa procurando el bienestar de su familia.

Pequeños actos de amor, sacrificios silenciosos, gestos de bondad que forman parte de nuestra vida cotidiana. Los vemos, los agradecemos en nuestro corazón, pero no siempre los expresamos.

En Proverbios 31:28 encontramos una escena familiar hermosa. “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; Y su marido también la alaba:”

Lo interesante del relato del Proverbista; es que aquella familia no se limitó a recibir el bien que ella hacía por ellos. Tanto los hijos cómo él esposo, se detuvieron a reconocerla con sus palabras.

Y precisamente ahí tenemos algo que aprender.

LAS PERSONAS QUE AMAMOS NO SOLAMENTE NECESITAN SABER QUE VALORAMOS LO QUE HACEN. TAMBIÉN NECESITAN ESCUCHARNOS DECIRLO.

No tenemos que esperar una ocasión especial ni un logro extraordinario para expresar nuestro reconocimiento. A veces basta una palabra sincera, pronunciada en medio de un día cualquiera.

“Estoy orgulloso de ti … Gracias por todo lo que haces … Admiro la persona en la que te estás convirtiendo … Me alegra mucho tenerte en mi vida.”

Son expresiones sencillas, pero nunca sabemos cuánto pueden significar para quien las escucha.

Hoy recuerdo con cariño a aquel Pastor que me llamaba campeón. Aunque falleció hace algunos años, sus palabras siguen vivas en mi memoria. Y cada vez que utilizo esa misma expresión para saludar a un niño y veo aparecer una sonrisa en su rostro, pienso en él y en lo mucho que aquellas palabras significaron para mí.

Porque hay palabras que siguen haciendo bien, aun después de que la voz que las pronunció ha dejado de escucharse.
Su voz ya no se escucha, pero el bien que hizo con sus palabras continúa.

PARA RECORDAR:
UNA PALABRA DE ÁNIMO PUEDE DURAR UN INSTANTE EN NUESTROS LABIOS; PERO TODA UNA VIDA EN EL CORAZÓN DE ALGUIEN.

PIENSA
¿Quién ha dejado una huella positiva en tu vida por la manera en que te hablaba? ¿Hay alguien que hoy necesite escuchar una palabra de ánimo de tu parte?

APLICA
Busca una oportunidad para hacer sentir visto y valorado a alguien de tu familia. Reconoce algo concreto de su carácter, esfuerzo o crecimiento. Y si recuerdas a alguien cuyas palabras te hicieron bien, considera llamarlo o escribirle para agradecerle.

ORA
Señor, gracias por las personas que utilizaron sus palabras para animarme y fortalecerme. Abre mis ojos para reconocer lo bueno que estás formando en quienes amo. Que mis palabras puedan dejar recuerdos hermosos, despertar esperanza y contribuir a edificar sus vidas. Amén.

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