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 Semana 2: 

El Leguaje Del Hogar

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Día 3: La Alegría De Volver

Octubre 14, 2026

Lucas 15:20 NTV
Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó.

Hay algo especial en regresar a un lugar donde sabemos que somos bienvenidos.

Quizá recuerdas alguna visita a la casa de tus padres o de tus abuelos. Apenas llegabas y alguien se alegraba de verte.

¡Qué bueno que viniste! ¡Pásale! ¡Te estábamos esperando! ¿Ya comiste?

A veces no hacía falta una conversación larga. Bastaba la sonrisa, el abrazo o aquella manera de recibirte para sentir que estabas en un lugar al que pertenecías.

La bienvenida tenía algo que ver con el corazón de quienes vivían allí.

Jesús contó una historia acerca de un hijo que decidió abandonar su hogar.

Después de desperdiciar lo que tenía y atravesar una situación dolorosa, aquel muchacho decidió regresar a casa.

No volvió orgulloso de sus decisiones. Volvió avergonzado, preparado incluso para pedir que lo recibieran como un trabajador más.

Pero Jesús dice que, cuando todavía estaba lejos, su Padre lo vio ... Y corrió hacia él ... Lo abrazó ... Lo besó.

Jesús contó esta parábola para revelar el corazón de Dios hacia los pecadores que se arrepienten y regresan a Él. En el contexto de Lucas 15, Jesús responde a quienes criticaban que recibiera a los pecadores.

El Padre de la historia nos permite contemplar la misericordia y la alegría con que Dios recibe al que vuelve.

Pero hay un detalle que también nos invita a reflexionar sobre nuestras relaciones. El amor de aquel Padre no permaneció escondido en su corazón. Se hizo visible en sus acciones.

Corrió.
Abrazó.
Besó.
Su hijo no tuvo que adivinar si su Padre se alegraba de verlo.

En 1 Juan 3:18 tla encontramos una exhortación que complementa esta verdad “Hijos míos, no debemos limitarnos a decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio de lo que hacemos.” que nuestro amor no se quede solamente en palabras, sino que se manifieste en hechos y de verdad.

Y en Romanos 12:10 nvi nos anima a expresar “Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente.”

Ahora … Pienso en nuestros propios hogares.

En ese niño que regresa de la escuela con tantas cosas que contar y busca a alguien que quiera escucharlo.

En la esposa que ha pasado el día atendiendo responsabilidades y que, al terminar la jornada, también necesita sentirse cuidada.

En el esposo que llega cansado después de trabajar y encuentra alivio en una sonrisa, en un abrazo o simplemente al escuchar: «Qué bueno que ya llegaste».

Porque todos, sin importar nuestra edad, necesitamos sentir que nuestra presencia alegra la vida de alguien. Y qué triste sería que las personas que más amamos comenzaran a sentirse como visitantes en su propia casa. Que vivieran con nosotros, pero sintieran que nadie nota cuando llegan. Que compartieran nuestro techo, pero extrañaran nuestra cercanía.

Porque a veces la rutina nos roba esos pequeños momentos. Estamos tan ocupados con lo que tenemos que hacer que olvidamos disfrutar a las personas por quienes hacemos tantas cosas.

Y quizá hoy necesitamos recuperar algo tan sencillo como la alegría de recibirnos.

Volver a levantar la mirada cuando alguien entra por la puerta.
Dejar por un momento lo que estamos haciendo.
Abrazarnos sin esperar una ocasión especial.
Decir con sinceridad: “Me alegra que estés aquí.”

Porque llegará el día en que nuestros hijos crecerán y comenzarán a recorrer sus propios caminos. Y aunque ya no vivan bajo nuestro techo, sé que los que somos Padres; quisiéramos que nuestros hijos siempre conservaran la certeza en su corazón, de que hay un lugar donde su llegada sigue siendo motivo de alegría.

Eso es parte de la belleza de un hogar.

No solamente tener un lugar al cual regresar, sino tener personas que se alegran cuando regresamos.

PARA RECORDAR:
EL AMOR DE UN HOGAR NO SOLAMENTE NOS DA UN LUGAR DONDE VIVIR, SINO UN LUGAR DONDE PERTENECER.

PIENSA
¿Cómo recibes a las personas que amas cuando llegan a casa? ¿Tu manera de recibirlas comunica alegría, indiferencia o molestia?

APLICA
Hoy, cuando alguien de tu familia llegue a casa, deja por un momento lo que estás haciendo. Míralo, salúdalo con cariño y hazle sentir que te alegra verlo.
Si vives solo, expresa esa bienvenida mediante una llamada o un encuentro con alguien cercano.

ORA
Señor, gracias porque en Ti encontramos misericordia y un amor que nos recibe cuando volvemos arrepentidos. Ayúdame a reflejar tu bondad en mi hogar. Que quienes viven conmigo encuentren cariño, aceptación y la alegría de saber que su presencia importa. Amén.

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