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 Semana 4: 

Un Ladrón Rodea La Casa

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Día 3: Cuando El Miedo Llama A La Puerta

Octubre 28, 2026

Nehemías 4:14 NTV
Luego, mientras revisaba la situación, reuní a los nobles y a los demás del pueblo y les dije: ¡No le tengan miedo al enemigo! ¡Recuerden al Señor, quien es grande y glorioso, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus esposas y sus casas!

Hay noches en las que toda la casa está en silencio, pero nuestra mente no logra descansar. Las luces están apagadas, los hijos duermen y aparentemente todo está tranquilo. Sin embargo, nosotros seguimos despiertos, pensando en una situación que nos preocupa.

Quizás se trata de un problema económico, una dificultad en el matrimonio, la salud de alguien que amamos o una decisión de nuestros hijos que nos llena de incertidumbre. Y mientras todos descansan, nuestra mente comienza a imaginar lo que podría suceder.

Porque hay algo que descubrimos cuando amamos profundamente a nuestra familia: no solamente nos preocupamos por lo que está sucediendo, sino también por aquello que tememos que pueda suceder.

El miedo tiene una manera particular de entrar en nuestro corazón. A veces llega acompañado de una mala noticia. Otras veces aparece cuando descubrimos que, por más que nos esforcemos, existen situaciones que no podemos controlar.

Algo semejante estaba sucediendo con el pueblo de Jerusalén. Mientras reconstruían los muros, comenzaron a escuchar las amenazas de sus enemigos. El peligro era real y el temor empezó a extenderse entre los trabajadores.

Pero en medio de aquella situación, Nehemías les dirigió unas palabras extraordinarias: Nehemías 4:14 NTV “¡Recuerden al Señor, quien es grande y glorioso! …”

Observa que Nehemías no les dijo que ignoraran las amenazas. Tampoco les aseguró que nunca enfrentarían dificultades. Les recordó quién era Dios.

Y eso era precisamente lo que necesitaban escuchar.

Porque cuando el temor ocupa demasiado espacio en nuestro corazón, podemos comenzar a mirar nuestros problemas como si fueran más grandes que todo lo demás. Olvidamos las ocasiones en que Dios nos ha sostenido, las respuestas que hemos recibido y la fidelidad que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida. Y poco a poco comenzamos a vivir como si todo dependiera exclusivamente de nuestras fuerzas.

Pero nuestra esperanza no descansa en nuestra capacidad para controlarlo todo. Nuestra esperanza descansa en el carácter de Aquel que nunca pierde el control. Dios sigue siendo poderoso cuando nosotros nos sentimos débiles. Sigue siendo fiel cuando no sabemos qué sucederá mañana. Y sigue cuidando de nosotros cuando las circunstancias parecen inciertas.

Por eso, 1 Pedro 5:7 NTV “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.”

Esto no significa que todas nuestras dificultades desaparecerán inmediatamente. Significa que podemos enfrentarlas sin permitir que el miedo gobierne nuestro corazón.

Quizás hoy hay algo que te preocupa profundamente y todavía no encuentras una solución. Haz lo que esté a tu alcance, busca la sabiduría que necesitas y toma las decisiones que te corresponden.

Pero no permitas que la preocupación te haga olvidar quién camina contigo. Que tu hogar esté atravesando una batalla no significa que Dios te haya abandonado.

Esta noche, cuando las preocupaciones quieran quitarte el descanso, recuerda al Señor. Él conoce tu familia, escucha tus oraciones y permanece fiel aun en medio de aquello que todavía no comprendes.

PARA RECORDAR
Que una situación esté fuera de nuestro control no significa que esté fuera del poder de Dios.

PIENSA
¿Qué preocupación relacionada con tu familia está ocupando tanto espacio en tu corazón que te está robando la paz?

APLICA
Dedica unos minutos a presentar esa preocupación específicamente delante del Señor. Después, distingue entre lo que puedes hacer responsablemente y aquello que necesitas dejar en sus manos. Cuando la preocupación vuelva, recuerda conscientemente el carácter y las promesas de Dios.

ORA
Padre celestial, tú conoces las preocupaciones que llevo en mi corazón y las situaciones de mi familia que no sé cómo resolver. Perdóname por las ocasiones en que he permitido que el temor debilite mi confianza en ti. Hoy quiero recordar que eres grande, poderoso y fiel. Dame paz para descansar en tu cuidado, sabiduría para tomar buenas decisiones y fortaleza para enfrentar lo que venga. Ayúdame a recordar que, aun en medio de nuestras batallas, tú permaneces con nosotros. En el nombre de Jesús. Amén.

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