Semana 5:
Volver A La Mesa


Día 2: No Esperes Hasta Extrañarlos
Noviembre 3, 2026
Lucas 15:17 NVI
Por fin recapacitó y se dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra y yo aquí me muero de hambre!
Hay personas cuya presencia se vuelve tan familiar que dejamos de reconocer lo importante que son para nosotros.
Nos acostumbramos a escuchar su voz, encontrarlas en casa, compartir nuestras actividades y saber que estarán allí cuando las necesitemos. Y aunque las amamos profundamente, no siempre encontramos el momento para demostrarlo.
A veces damos por sentado que tendremos otra oportunidad para conversar, compartir una comida o simplemente disfrutar de su compañía. Hasta que algo cambia.
Quizás un hijo se marcha para estudiar, nuestros padres comienzan a envejecer o las responsabilidades nos llevan a vivir lejos de quienes amamos. Entonces descubrimos cuánto significaban aquellos momentos que antes parecían tan ordinarios. A veces necesitamos experimentar la distancia para reconocer el valor de una cercanía que habíamos comenzado a dar por sentada.
En Lucas 15, Jesús contó la historia de un joven que decidió abandonar la casa de su padre. Pidió la parte de la herencia que le correspondía y se marchó a una provincia lejana. Allí desperdició sus bienes hasta encontrarse en una situación desesperada. Sin dinero, sin alimento y sin las comodidades que antes disfrutaba, comenzó a recordar la casa de su padre. La Escritura dice que finalmente recapacitó. Recordó que incluso los trabajadores de su padre tenían alimento en abundancia, mientras él estaba pasando hambre. Aquel recuerdo lo llevó a reconocer su condición y decidir regresar.
Es importante comprender que Jesús contó esta parábola para mostrar la misericordia de Dios hacia los pecadores que se arrepienten. Sin embargo, la experiencia de aquel joven también nos invita a considerar cómo valoramos nuestras relaciones familiares.
Porque podemos cometer un error semejante cuando permitimos que nuestros deseos, ocupaciones o intereses personales ocupen un lugar tan importante que comenzamos a descuidar a quienes amamos. No siempre necesitamos marcharnos de casa para distanciarnos de nuestra familia.
Podemos estar presentes físicamente, pero emocionalmente ausentes.
Podemos conversar todos los días y, sin embargo, haber dejado de escucharnos verdaderamente.
La distancia familiar no siempre comienza cuando alguien se marcha; a veces comienza cuando dejamos de interesarnos por quienes permanecen a nuestro lado.
El apóstol Pablo escribió en Filipenses 2:4 NVI “Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás.”
Aunque Pablo estaba enseñando acerca de la humildad y la unidad entre los creyentes, este principio también debe reflejarse en nuestras relaciones familiares.
Amar significa aprender a considerar las necesidades, sentimientos y preocupaciones de los demás, no solamente las nuestras. Esto no quiere decir que debamos abandonar nuestras responsabilidades o renunciar a todo proyecto personal. Significa que necesitamos cuidar nuestras prioridades para que las personas que amamos no terminen recibiendo únicamente el tiempo y la atención que nos sobran.
Quizás hoy tienes cerca a alguien cuya presencia has comenzado a considerar algo normal. Tu esposo, tu esposa, tus hijos, tus padres o algún familiar con quien compartes la vida. No esperes a que las circunstancias cambien para reconocer cuánto significa esa persona para ti.
Una llamada, una conversación, una visita o unas palabras sinceras pueden convertirse en una hermosa manera de expresar nuestro amor.
Y si actualmente existe distancia entre ustedes, recuerda que no todas las relaciones pueden restaurarse inmediatamente. Algunas necesitan tiempo, arrepentimiento, cambios verdaderos y, en ocasiones, ayuda.
Pero siempre podemos comenzar examinando nuestras propias actitudes delante de Dios. No necesitamos esperar a extrañar a nuestra familia para comenzar a demostrarle cuánto la valoramos.
PARA RECORDAR
No esperes a que la distancia te enseñe el valor de las personas que hoy tienes cerca.
PIENSA
¿Hay alguien en tu familia cuya presencia has comenzado a dar por sentada y a quien necesitas demostrarle mayor atención y aprecio?
APLICA
Piensa en una persona de tu familia a quien no le has expresado recientemente cuánto significa para ti.
Busca una oportunidad para llamarla, conversar con ella o dedicarle tiempo. No esperes una ocasión especial. Hazle saber, mediante tus palabras o acciones, que su presencia es valiosa para ti.
ORA
Señor, gracias por las personas que has puesto a mi lado. Perdóname por las ocasiones en que he dado por sentado su amor y su presencia. Ayúdame a reconocer el valor de mi familia y a no permitir que mis ocupaciones o intereses personales me alejen de quienes amo. Dame un corazón agradecido, sensible y dispuesto a demostrar amor mientras tengo oportunidad. Enséñame a valorar cada momento que compartimos. En el nombre de Jesús. Amén.
