Semana 6:
Un Hogar Donde Dios Habita


Día 6: Lo Que Recordarán De Nuestra Casa
Noviembre 14, 2026
Josué 24:15 TLA
Si no quieren serle obedientes, decidan hoy a quién van a dedicar su vida. … Pero mi familia y yo hemos decidido dedicar nuestra vida a nuestro Dios.
Algún día, muchas de las cosas que hoy ocupan nuestra atención dejarán de tener la misma importancia. Los muebles serán reemplazados. Las habitaciones cambiarán. Los hijos crecerán y quizá formarán sus propias familias.
Y aquella casa que durante tantos años estuvo llena de conversaciones, risas y actividades comenzará a guardar recuerdos de una etapa que ya pasó. Entonces, lo que permanecerá no será solamente lo que tuvimos, sino mucho de lo que vivimos y transmitimos.
Durante estas semanas hemos reflexionado acerca del hogar que estamos construyendo. Hemos hablado del poder de nuestras palabras, de las heridas que pueden permanecer en silencio, de las distracciones que nos alejan y de la importancia de recuperar la cercanía con quienes amamos.
Y al llegar al final de esta serie, quiero que pensemos en algo profundamente importante.
¿QUÉ RECORDARÁ NUESTRA FAMILIA DE LA MANERA EN QUE VIVIMOS NUESTRA FE?
En Josué 24, el pueblo de Israel fue llamado a decidir a quién serviría. Josué expresó públicamente su propia determinación de servir al Señor junto con su casa. Aquellas palabras no eran una declaración de que podía controlar las decisiones espirituales de todos los miembros de su familia. Eran una afirmación de su compromiso de honrar a Dios.
Y nosotros también necesitamos asumir personalmente esa responsabilidad. No podemos decidir por nuestros hijos cuando sean adultos. Tampoco podemos obligar a nuestro esposo, nuestra esposa o a cualquier otro familiar a cultivar una relación verdadera con Jesucristo.
Pero sí podemos decidir qué ejemplo queremos ofrecerles. Podemos elegir vivir con integridad, buscar al Señor, reconocer nuestros errores y tratar a nuestra familia conforme a las enseñanzas de Jesús. Podemos mostrarles que nuestra fe no es solamente algo que practicamos durante las reuniones de la iglesia.
QUE NUESTRA FAMILIA NO SOLAMENTE NOS ESCUCHE HABLAR DE DIOS, SINO QUE PUEDA VER EN NOSOTROS LO QUE SIGNIFICA CAMINAR CON ÉL.
Tal vez no podremos darles todo lo que deseamos. Quizá habrá oportunidades que no podremos ofrecerles y experiencias que no podremos compartir.
Pero hay algo profundamente valioso que sí podemos procurar dejarles: el testimonio de una vida que aprendió a depender de Dios.
No se trata de construir una imagen religiosa ni de esconder nuestras debilidades. De hecho, uno de los recuerdos más importantes que podemos dejarles es que nos vieron reconocer nuestros errores, pedir perdón y volver nuestro corazón al Señor.
Porque una fe auténtica no significa que nunca enfrentamos dificultades. Significa que, aun en medio de nuestras debilidades, seguimos reconociendo nuestra necesidad de Jesús.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más importantes que nuestros hijos puedan recibir.
Que aprendan que vale la pena amar a Dios.
Que descubran que su Palabra es digna de confianza.
Que sepan que pueden acudir a Él cuando la vida se vuelve difícil.
Y que recuerden que, aunque nuestra familia no era perfecta, procurábamos vivir bajo su dirección.
NO PODEMOS DECIDIR TODOS LOS RECUERDOS QUE NUESTRA FAMILIA GUARDARÁ, PERO SÍ PODEMOS DECIDIR QUÉ CLASE DE TESTIMONIO COMENZAREMOS A CONSTRUIR DESDE HOY.
Tal vez al leer estas palabras reconoces que hay cosas que hubieras querido hacer de otra manera.
No puedes regresar y cambiar todo lo que sucedió. Pero todavía puedes comenzar a construir algo diferente.
Una conversación sincera. Una oración compartida. Una disculpa pendiente. Una decisión de buscar nuevamente al Señor.
Porque mientras Dios nos conceda vida, todavía tenemos oportunidades para amar, servir y mostrar a nuestra familia el camino hacia Jesucristo.
PARA RECORDAR
Uno de los legados más valiosos que podemos dejar a nuestra familia es el testimonio de una vida que ama a Jesucristo y procura caminar con Él.
PIENSA
Si mi familia recordara hoy la manera en que he vivido mi fe, ¿qué testimonio encontraría? ¿Qué me gustaría comenzar a cambiar?
APLICA
Busca un momento tranquilo para expresar a tu familia algo que hayas aprendido durante esta serie. Comparte una decisión personal que deseas poner en práctica y, si es apropiado, invita a quienes quieran participar a orar juntos.
ORA
Padre celestial, gracias por mi familia y por todo lo que nos has enseñado durante estas semanas. Reconozco que nuestro hogar no es perfecto y que todavía tenemos mucho que aprender. Ayúdame a vivir una fe sincera, a amar con paciencia y a mostrar mediante mi ejemplo lo que significa seguir a Jesucristo. Que las generaciones que vienen después de nosotros encuentren en nuestra vida un testimonio que las anime a conocerte y amarte. En el nombre de Jesús. Amén.
